Comprender cómo nuestro cerebro reacciona a los mensajes externos que generan satisfacción e implicación ha revolucionado por completo el mundo del marketing y la comunicación. Desde este punto de vista, uno de los hitos más importantes de la neurociencia se remonta a 1958, cuando la dopamina fue identificada como un importante neurotransmisor, más tarde conocida como «la hormona de euforia!. Si hoy somos capaces de producir diversión animada con contenido persuasivo y vídeos diseñados para estimular las emociones del espectador, es gracias en parte a los científicos suecos Carlsson y Hillarp, ​​pioneros de la ciencia de las emociones

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Emociones, a medio camino entre el corazón y el cerebro

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La emotividad es el motor que regula la dinámica de toda la raza humana. Más allá del aparente romanticismo de esta frase, tenemos décadas de estudios científicos, y de neuropsicología, destinados a comprender la mente humana y sus complejos mecanismos.

Estas son las palabras de Gerald Zaltman, uno de los padres del neuromarketing: ‘Al menos el 95% de todos los procesos cognitivos están por debajo del umbral de la conciencia, en la zona oscura de la mente, y no más del 5% de ellos se lleva a cabo en el sentido más alto ‘. Esa parte oscura es el lado inconsciente y emocional, donde todas nuestras elecciones y comportamientos se originan.

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Dopamina y la química de la felicidad

Pero, ¿qué sucede en el cerebro cuando somos estimulados a sentir emociones? Aquí es donde entra en juego la dopamina, responsable de lo que comúnmente se llama el «circuito de la recompensa». Este neurotransmisor se activa como consecuencia directa de cada impulso que nos causa placer: música, comida, imágenes interesantes, colores, relaciones humanas y situaciones que estimulan nuestro disfrute y bienestar.

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Hablamos de «recompensa» porque la dopamina reacciona a estos estímulos, y nos proporciona un estado de total satisfacción y gratificación. Un detalle realmente interesante, entre otras cosas, es que el aumento de la dopamina tiene, entre otras consecuencias, efectos beneficiosos en nuestras habilidades de aprendizaje: también nos lleva a estar más atentos, a desarrollar nuestra memoria y a mejorar nuestro humor.

Vídeos animados divertidos como clave de las emociones

La animación de vídeo es una de las herramientas más efectivas a la hora de aplicar las teorías de la neurociencia, incluso cuando se trata de la dopamina. Gracias a su capacidad para estimular el cerebro desde muchos puntos de vista (sonidos, imágenes, palabras y sentido de participación), pueden captar inmediatamente la atención y el interés del espectador. Luego, cuando los mensajes se procesan para obtener un vídeo de dibujos animados divertido, la eficacia de esta herramienta de comunicación se amplifica: la estimulación adicional capaz de generar asombro y alegría, empuja aún más la producción de dopamina en nuestro cerebro. ¿Qué se necesita para hacer divertidas animaciones de vídeo? En esencia, se trata de utilizar elementos específicos como metáforas y representaciones visuales cautivadoras para generar asombro con una presentación de contenidos creativa, original e inesperada. Es precisamente en el efecto sorpresa y en el asombro del usuario el secreto de la efectividad persuasiva de esta poderosa herramienta de comunicación.

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